LA POESÍA DE KAVAFIS

ITACA

(1911)

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes,

Ni al colérico Posidón.

seres tales jamás hallarás en tu camino,

Si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Posidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas de verano

en que llegues —¡con qué placer y alegría!—

a puertos antes nunca vistos.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes voluptuosos,

cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.

Tu llegada allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Itacas.

VUELVE

(1912)

Vuelve muchas veces y tómame,

sensación amada, vuelve y tómame—

cuando el recuerdo del cuerpo despierta

y un viejo deseo recorre la sangre;

cuando los labios y la piel recuerdan

y sienten las manos como si de nuevo palparan.

Vuelve muchas veces y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan…

UN JOVEN ILUSTRADO A SUS VEINTICUATRO AÑOS

 (1928)

 Cómo puedes, cabeza, todavía trabajar.—

Un goce insatisfecho lo consume.

Se halla en un estado de ansiedad.

Besa a diario el rostro que ama,

sus manos acarician los miembros más extraordinarios.

Jamás amó con tan inmensa

pasión. Mas le falta la hermosa satisfacción

del amor; falta la satisfacción

que ambos deben anhelar intensamente.

(No se entregan por igual al placer anormal.

Sólo a él lo ha avasallado por completo).

Y se consume, y los nervios lo destrozan por completo.

Se encuentra además cesante, y esto contribuye mucho.

A duras penas pide algo prestado (casi

a veces lo mendiga) y difícilmente sobrevive.

Besa los labios adorados; sobre

el cuerpo maravilloso —pero que ahora sabe

que sólo se limita a consentir— sacia su placer.

Luego, bebe y fuma; bebe y fuma;

se arrastra por los cafés el resto del día,

arrastra con hastío el desaliento de su hermosura.—

Cómo puedes, cabeza, todavía trabajar.

DÍAS DE 1901

(1927)

Esto había en él de excepcional,

que pese a todo su vicio

y a su mucha experiencia en el amor,

pese a toda la armonía habitual

entre su conducta y su edad,

había momentos —muy pocos

por cierto— en que daba

la sensación de una carne casi intacta.

La hermosura de sus veintinueve años,

tan avezada en el placer,

en algunos instantes era extraña, tanto

que recordaba a un muchacho que

—con cierta torpeza— por primera vez

entregara su cuerpo virgen.

DOS JÓVENES DE VEINTITRÉS A VEINTICUATRO AÑOS

(1927)

Desde las diez y media estaba en el café

esperando que pronto apareciera.

Llegó la medianoche —y aún seguía esperándolo.

Dio la una y media; casi del todo vacío

había quedado ya el café.

Se cansó de leer maquinalmente

los periódicos. De sus tres chelines solitarios

le quedaba sólo uno: con tanta espera,

en cafés y coñac los otros dos había gastado.

Había fumado todos sus cigarrillos.

Tan larga espera lo agotó. Pues

además, solo como estuvo tantas horas,

presa en él hicieron

importunos pensamientos de su vida desviada.

Pero cuando vio entrar a su amigo —súbito,

el cansancio, la tristeza y los pensamientos se esfumaron.

Su amigo traía una noticia inesperada.

Había ganado sesenta libras en el garito.

Sus rostros hermosos, su juventud maravillosa,

el amor sensual que entre ellos existía,

revivieron tonificados por las refrescantes

sesenta libras del garito.

Llenos de gozo y energía, sensualidad y belleza,

se marcharon —no a las casas de sus honorables familias

(donde, por cierto, ya nadie los quería):

a una que ellos conocían y muy especial,

a una casa de vicio se marcharon donde pidieron

habitación para dormir, bebidas caras y de nuevo empezaron a beber.

Y cuando las bebidas caras terminaron,

cuando eran cerca de las cuatro,

al amor, felices, se entregaron.

A LOS VEINTICINCO AÑOS DE SU EXISTENCIA

(1925)
 
Va de ordinario a la taberna

donde se habían conocido el mes pasado.

Ha preguntado; pero nada supieron decirle.

Por sus palabras ha comprendido que a quien conoció

fue un individuo absolutamente desconocido;

uno de esos frecuentes personajes,

equívocos y oscuros, que por allí pasaban.

Va, sin embargo, de ordinario a la taberna de noche,

se sienta y queda mirando hacia la entrada;

hasta el agotamiento sigue mirando hacia la entrada.

Quizá entre. Quizá vuelva esta noche.

Cerca de tres semanas lleva haciendo lo mismo.

Su mente ha enfermado de lujuria.

Quedaron los besos en su boca.

Sufre de continuo deseo toda su carne.

Siente sobre sí el tacto de aquel cuerpo.

La unión con él ansía de nuevo.

Procura, claro está, no traicionarse.

Mas a veces queda casi indiferente.–

Sabe, además, a qué se expone,

tomó su decisión. No es improbable que esta vida suya

lo lleve a un escándalo funesto.

SU ORIGEN

(1921)

 El ansia de su ilícito placer

se ha saciado. Del colchón se han levantado

y a prisa se visten sin hablar.

Por separado salen, a escondidas, de la casa

y por la calle van inquietos, parece

como sí sospecharan que algo en ellos les traiciona

por la clase de lecho en que hace poco cayeron.

Cómo se ha enriquecido, en cambio, la vida del poeta.

Mañana, pasado o años más tarde se escribirán

los versos vigorosos que aquí tuvieron su comienzo.

C.P. Kavafis.

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