POESIA

En esta página iremos publicando cuentos, poesias, relatos y demás que tengan connotaciones eróticas.

Roby Nelson

Un poema de Bernardo Arias Trujillo

De la Revista Malpensante No. 119

 Lo conocí una noche estando yo borracho

de copas de champaña y sorbos de heroína;

era un pobre pilluelo, era un lindo muchacho

del hampa libertina.

Ardía Buenos Aires en danza de faroles;

sobre el espejo móvil del Río de la Plata

fosforecían las barcas como pequeños soles

o pupilas de ágata.

En el asfalto móvil de la amplia costanera

el arrabal volcaba sus luces de colores:

poetas, pederastas, muchachas milongueras,

apaches, morfinómanos, artistas y pintores.

Los pecados ladraban como perros sin dueño

entre la bulliciosa cosmópolis del bar;

los marinos iban en góndolas de ensueño

sobre las aguas líricas del mar.

En un ángulo turbio miro desde mi mesa

a un pálido chiquillo que sonríe y me mira

y a través de las gotas rubias de la cerveza

mi lujuria conspira.

Tiene catorce años y en sus hondas pupilas

cercadas por paréntesis lívidos de violeta,

ojeras prematuras del vicio, ojeras lilas

de onanista o asceta.

¿Quién eres tú?, le dije,

rozando sus cabellos ondulantes de eslavo.

¡Yo! soy un niño triste…

Roby Nelson me llamo.

Roby Nelson… lindo nombre de golosina,

nombre que suena a dulces tonadas de ocarina,

nombre que tiene dóciles inflexiones de amor

y una delicadeza enfermiza de flor.

Y pienso: Este muchacho

es un retoño de hombre que errará por el mundo,

en sus pupilas grises hay un dolor profundo,

es hijo de inmigrantes venidos de lejanos países

y en su cuerpo errabundo

se ha cruzado la sangre de dos razas tristes.

Se llama Roby Nelson, flor del barrio,

que va de muelle en muelle, de vapor en vapor,

este chico vicioso de cabellos de eslavo

vende cocaína y amor.

Es hijo de la noche y huésped del suburbio,

hoja de Buenos Aires que el viento arrebató,

desperdicio del vicio, pobre pétalo turbio

que un arroyo se llevó.

Tal vez en un hospicio su cuna se meció

y es hijo de prostituta y de ladrón.

¿Quieres estar conmigo esta noche pilluelo?

Y sus ojos piratas me dijeron que sí.

Mi sangre trepidaba entre llamas de anhelo

y naufragué en un tibio frenesí.

Besé entonces los lirios ignotos de sus manos,

la fresa de su boca congelada de frío;

nos fuimos vagabundos por los diques lejanos

y en esa noche griega fue sabiamente mío.

¿Qué quiere usted que hagamos?

Me dice con la gracia de una odalisca rusa;

y se quita la blusa, se desnuda

y me ofrece su cuerpo como si fuese un ramo.

Desnudo entre los rojos cojines y las sedas

sobre la cama asiática me brinda sus primicias;

sus manos galopaban en pos de mis monedas,

las mías galopaban en pos de sus caricias.

Y besando su cuerpo de palidez divina

que tenía la eucarística anemia de las rosas

le dije tembloroso en un dulce clamor:

Te pido solamente que me vendas dos cosas:

un gramo de heroína y dos gramos de amor.

¡Roby Nelson! ¿Dónde estarás ahora?,

¿Nueva York, Río de Janeiro, Filipinas, Balsora,

Panamá, Liverpool?

¿Dónde estás Roby Nelson de cabellos de eslavo

con tus hondas ojeras, tu chaqueta de esclavo

y tu raída gorra azul?

¿Por qué turbios caminos empañados de ausencia

van tus zapatos viejos robados a Chaplín?

Quizá la droga trágica que embriaga de demencia

como una diosa pálida amortajó tu esplín.

Muchachito bohemio, príncipe de tus vicios,

exquisito y perverso, frágil como una flor.

En mis noches paganas de crisis voluptuosas,

en los hondos naufragios de mi fe y mi dolor,

te pido como antes que me vendas dos cosas:

un gramo de heroína y dos gramos de amor.

 

OCHO SONETOS PACATOS

PARA MENTES ESCABROSAS

1

Abre las piernas para ver tu moño,

al que quiero chupar largo y parejo,

con tu culo, tu gallo, tus pendejos

y todo lo que guardas en tu coño.

Aunque pase el verano y el otoño,

y se torne tu vulva un saco viejo,

seguiré con mi lengua en tu guedejo

lamiendo sin cesar tu dulce coño.

Porque esa chimba que te dio la vida

es un cáliz de néctares calientes,

donde anhelo beber, si no me olvidas,

los jugos que me embriagan oferentes,

para ser degustados en partidas

por mi lengua, mis labios y mis dientes.


2

Quiero, mi amor, que me lo mames mucho

y llenes de saliva mis pelotas

con tu lengua divina que no agotas

en una noche de placeres duchos.

Así fuera esa lengua tu serrucho,

sigue chupando en amorosas notas

la verga que te ofrezco, no por gotas

sino en ríos de leche por mi pucho.

Mama siempre, mi amor, no pares nunca;

tu mamada feliz es deliciosa.

Si paras de mamar se queda trunca

con gran desilusión mi pobre picha,

tu amante pene, mi adorada cosa

que busca en tus ardores sueño y dicha.

3

Tu culito redondo y sonrosado,

donde anhelo guardar mi verga tiesa,

es el puente de amor y de belleza

que un día cruzaré de lado a lado.

No habrá muro, guardián ni fortaleza

que me impida, de frente o de costado,

traspasar ese túnel encantado

que administras con gran delicadeza.

Y es así que metida hasta las güevas

mi roja verga encontrará contento

con esa fuerza de pasiones nuevas

que no saben vivir sin el sustento

de la pichada celestial que abreva

en tu culito su mejor momento.

4

Pues ya que somos tres, y muy arrechos,

tiremos esta noche como locos,

que dos polvos por chimba son muy pocos

cuando el palo se mantiene bien derecho.

Follemos por el ancho y el estrecho,

por la boca, las axilas y por todos

los huecos que encontremos de algún modo

en el tibio camino hacia los pechos.

Pichar entre los tres es delicioso

si lo hacemos de todas las maneras,

con ritmo apasionado y licencioso

como lo hacen por plata las rameras

y los chulos de porte pretencioso

que copulan con gracia y verraquera.

5

Vivamos esta orgía y la que sigue

mamando coños y chupando vergas,

culiprontas y chulos que se albergan

donde chimbas y chimbos se persiguen

Quien menos corre vuela, y si consigue

penetrar algún virgo por las buenas,

se afirma que mantiene las antenas

tan listas como el palo que le sigue.

Todo el semen del mundo te inoculo

en la boca, en la chimba, por el culo,

como es justo y sabroso en las orgías,

pues de tanto tirar y de mamarlo

se ponen verga y coño que, al tocarlos

responden temblorosos noche y día.

6

Amémonos, amor, entre mujeres,

juntando nuestras vulvas con cariño,

sin faldones, sin blusas, sin corpiños

que impidan nuestros dulces menesteres.

Hacernos lo que agrade a los derrieres

ya calientes por besos y por guiños,

jugando a los papás como los niños,

quitándonos calzones y brasieres.

Chupándonos de frente y por detrás

lograremos placeres y armonías

que no alcanzan las hembras con el macho.

Entonces coño y tetas, al compás

de la lengua y manuales melodías,

tendrán felicidad sin güeva y cacho.


7

Si nacimos maricas y calientes,

homosexuales y también verracos,

hundamos en los culos nuestros tacos

o saquémosle jugo con los dientes.

Hagamos del amor lo recurrente

gozando sin parar de nuestros actos

con ojos y con verga, con el tacto,

con lengua, sin condones, con la mente.

Entonces, entre machos, sin mujeres,

haremos con el sexo el mejor cuento,

y sin tanto tapujo, los placeres

serán los reyes de la puta vida,

que reinan sin tener remordimientos

y esos rezagos de moral podrida.


8

Mezclémonos ya todos sin temores:

Lesbianas y maricas, bisexuales,

para hacer el amor como animales

en las calles, los templos y ascensores.

tiremos con delirio y sin dolores

poniendo nuestros culos celestiales,

nuestras vergas y vulvas ancestrales

al servicio de todos los amores.

Vivamos en eterna tiradera

sin distingos de sexo ni color,

y llenos de lascivia placentera

prosigamos más libres y contentos,

como perros y perras en calor,

para gloria de Dios y sus jumentos.

Verano Brisas

Poeta

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