Hombres Mitómanos

Artículo tomado de la revista Nueva No. 1308

 HOMBRES MITÓMANOS.

Durmiendo con un desconocido.

 mentirosoNos derretimos ante sus discursos encendidos, admiramos sus hazañas y lo creemos el hombre perfecto; pero en algún momento del idilio surge una  inconsistencia, una grieta que compromete su identidad real. ¿Quién estará detrás de nuestro “amor verdadero”?

A estas alturas, cualquiera con pinta de príncipe azul puede levantar más sospechas que suspiros. Pero el arte de la palabra es efectivo y algunos de estos especímenes que se juran “los hombres ideales” son unos mentirosos empedernidos, metidos en una elaborada película en la cual hacen de directores y protagonistas.

Y algunos de ellos, son una especie de trapecistas alimentados por el vértigo que produce pensar en ser descubiertos. Otros, simplemente, se toman en serio el papel de ‘Don Juan’, pero sienten que en realidad ni ellos ni su vida son lo suficientemente interesantes y por eso se construyen un ‘yo‘ paralelo.

Casi todos son locuaces, encantadores, dueños de la frase apropiada y aparentemente los compañeros perfectos para ir en busca de los sueños. Nos enamoran desde el primer momento con esa apariencia de perfección, que luego comienza a generar ciertas suspicacias.

Pero los hombres mentirosos no necesariamente son mitómanos. Aunque compartan esa afición por meterle creatividad a la realidad, los primeros son muchísimo más fáciles de desenmascarar que los segundos, pues estos no solo fabrican castillos en el aire… ¡se mudan a vivir allí!

Lo cierto es que cuando el Adonis deja ver rasgos dudosos, comienza a desinflarse la burbuja y empezamos a sentir dudas sobre sus verdades. Cualquier incoherencia nos genera un presentimiento y es cuando debemos empezar a replantearnos su honestidad.

La mentira, una vieja conocida.

Mentiroso2Si bien es cierto que a nadie le gusta que le mientan, todos lo hacemos y estamos educados para ello. Desde que somos niños se nos veta la verdad en muchos momentos, pues parte de aprender a ser prudente, implica, sino mentir, por lo menos encubrir muchas realidades.

Por ejemplo, ¿cuántas veces nos dijo nuestro padre que si lo llamaba ‘Sutanito’ dijéramos que él había salido? ¿Cuántas veces nos regañaron por ser abiertamente francos y decir verdades evidentes, pero ante las cuales todos se ‘hacían los locos’? Pues la • mentira en nuestra sociedad es algo como la muerte: inevitable y negada.

Aun así, ser engañados es un golpe bajo y difícil de esquivar. El engaño es una red delicada pero amplia y su poder letal tiene diferentes grados. En ese orden de ideas, algunos duelen mucho más que otros; sin embargo, también existen esas mentirillas pequeñas, aquellas que pierden su inocencia al ser reiterativas.

Todos mentimos, pero cuando somos consecuentes y leales con maestros afectos, lo normal sería construir esos lazos sobre un terreno sólido y verdadero. No obstante, muchas veces el hombre elegido resulta ser un gran actor y empezamos a sentir que vivimos en una película, de la cual no se puede esperar un final feliz.

¿Con ‘m’ de mentiroso o de mitómano?

Como decíamos más arriba, los mentirosos no son necesariamente mitómanos. Pero ante esa línea tan delgada que cruzan los unos para convertirse en los otros, es necesario saber cómo identificarlos a tiempo y, por supuesto, cómo salir corriendo.

Según la doctora Ingrid Gómez, sicóloga especialista en asuntos afectivos, uno de los pilares fundamentales para saber ante qué tipo de falaz personaje nos encontramos, es ver su lenguaje corporal.

Los hombres que están mintiendo, y lo saben, se alteran con la situación manifestando varias señales de ello. “Pensemos en una persona normal. Cuando miente, suele cambiar su estado emocional: está intranquila, puede haber enrojecimiento en sus mejillas y sudoración, sus pupilas suelen contraerse un poquito, le tiembla la voz, se empieza a mover más… uno nota que está nerviosa. Así son los mentirosos”.

Para ella, otra de las formas de leer la cara se encuentra en los ojos. Según nos cuenta, algunas teorías afirman que las personas que están inventando algo tienden a subir la mirada. “Hagan el ejercicio: cuando estamos pensando en algo, los ojos se van para arriba y eso implica un proceso de creatividad. Por el contrario, si recordamos algo, los dirigimos hacia un lado”. Así que ante la controversia entre los autores, podríamos dejarlo en que el mentiroso mueve de modo anormal los ojos.

Para descubrir a un mitómano, el camino es más largo y complicado. Al estar metidos en sus propias películas, los rasgos que antes describimos no se presentan en ellos. La tranquilidad y el encanto los acompañan en todo momento, y solo a través de su comportamiento general podríamos llegar a desenmascararlos.

“Por ejemplo, si el hombre mitómano está a una hora del lugar donde tiene una cita, quien le está esperando lo llamará y él le dirá que se ven en cinco minutos. ‘Es que me pinché’, ‘Es que una cosa o la otra’ y empieza a echarle el ‘carretazo’. Ahí usted puede darse cuenta de que si le miente a los demás, le mentirá a usted también”.

Otro rasgo predominante de estos mentirosos dueños de una patología, es que por lo general tienen una excusa para todo. Y no solo eso: en medio de las retahílas que fabrican, también los vemos llenándose de explicaciones que no les hemos pedido. “Una persona que llega tarde dice: ‘Oye, qué pena por la tardanza’. Pero si cuenta con lujo de detalles desde que salió de la casa una cantidad de explicaciones innecesarias y sin pedírselas, eso ya es sospechoso.

Ellos son muy elaborados en sus discursos -continúa Ingrid-. Y los hombres, por lo general, son de pensamiento muy concreto. Si un hombre vio un perro blanco, dice: ‘Yo vi un perro blanco’. El mitómano dice: ‘El perro blanco venía de una carnada de una mamá que yo conocía porque tatatá’… ¡Relatan demasiadas cosas!”.

De tan histriónicos que suelen ser, a veces se ven exagerados. Su extroversión y sonrisa son máscaras adaptadas perfectamente a la verdad que quieren ocultar. Y con ella se sienten tan cómodos, que les es difícil quitársela por voluntad propia. “No son auténticos. Siempre quieren aparentar que son los más lindos, los más guapos, los mejores en todo, los más inteligentes. Pero cuando las personas están mostrando una máscara continuamente, eso se siente”, asegura nuestra especialista.

La doctora Gómez lo ve como una capacidad natural para “leer”. Una especie de detective interior que todas albergamos, encargado de atar cabos a punta de instinto. “Si pasa una vez, ¡vaya y venga! Pero si empieza a darse muy seguido, pues hay que hacerles caso a esas dudas”.

Otros signos delatores

Mentiroso3Una forma muy útil de reconocer a un mitómano es agarrándolo en contradicciones, porque a veces se le olvidan las mentiras. En otras ocasiones deja ver inconsistencias de otro tipo en sus relatos. Y sobre todo, algo muy importante, es que nunca se responsabiliza de sus errores. Otro rasgo determinante de los mitómanos es que creen que son buenos para todo. Rozando casi con la perfección, creen que los únicos que se equivocan son los demás. Pero una mezcla entre narcisismo y baja autoestima hacen de estos personajes a alguien muy difícil de tolerar.

Primero, la infancia.

Mientras nos acostumbramos a sus palabras y evidenciamos la falta de acción, o mejor aún, una incoherencia total entre una cosa y la otra, podemos percibir en sus mentiras una intencionalidad clara y conectada a su inseguridad: satisfacer la falta de amor que experimentan a lo largo de la vida.

Una de las razones de esa situación es que algunos tipos de mitomanía se generan en la infancia, en ámbitos donde los padres castigaron o regañaron frecuentemente a sus hijos. Por eso, cuando son adultos, prefieren sobrevivir con mentiras por miedo a obtener resultados negativos. Si se encuentra con alguien así, ¡corra y no mire para atrás!

A estas alturas ya podemos tener unas fichas del rompecabezas sobre la mesa. Y es cuando debemos decidir qué camino tomar.

“Cuando una persona se las da de detective, chuza el celular, se pone a investigar el Facebook y hasta contrata investigador. Pero creo que más que eso, hay que confrontar a la pareja, aunque sea muy difícil hacerlo con un mitómano. Muchas veces la persona necesita la prueba porque se queda en la duda. Pero el mitómano es tan buen mentiroso, que cuando ella está a punto de huir, la convence para que se quede”.

Necesitar o no la prueba fehaciente de traición es algo que depende de la personalidad de cada persona. Sin embargo, para esta experta, las dudas deberían ser suficientes para sentarse a reflexionar si esa es la persona que realmente quiere en su vida.

“Basados en el libre albedrio, todos tenemos derecho a elegir y si estamos con una persona que está sembrando dudas e inconformidades, es mejor sentarse a hablar muy seriamente. Es mejor decirle, “mira, yo no me siento seguro contigo y no te creo lo que me estás diciendo. Discúlpame, pero no siento que vayamos para algún lado”. Eso en cuanto a las personas que deciden huir.

Por el contrario, si usted es de las que prefiere quedarse y ayudar a los semejantes en problemas, esta es la recomendación: “Si el hombre se metió y ahí se quedó, pues ¡adiós y suerte! Pero debe considerar qué tipo de mitomanía sufre él, porque hay hombres que mienten en ámbitos exteriores, pero no a su pareja. A él se le puede ayudar”.

La forma de hacerlo es haciéndole notar que tiene un problema y, por lo tanto, necesita ayuda. No solo por el bienestar mental de la persona que lo acompaña, también porque es muy probable que terminen quedándose solos, pues todos tenemos un tope cuando de mentiras se trata.

Pisando arenas movedizas

Tal vez dárselas de héroe en algunas ocasiones es la decisión menos apropiada. Porque aunque ese hombre a quien usted está comenzando a sentir como una gran farsa tenga hermosas cualidades, no dejará de ser nunca un terreno engañoso y movedizo.

Por lo general, aquellas personas que deciden quedarse al lado de alguien que necesita inventarse un yo paralelo con el cual cautivar, están en graves problemas. Estos hombres, por lo general, necesitan una larga terapia sicológica para reconocer su problema.

El gigoló empedernido, el mitómano romántico, puede ser bastante enamoradizo. Solo que por más que sienta que lo ame, nunca sabrá cómo hacerlo en realidad. “en el fondo está más necesitado de amor que un hombre ‘normal’, pero a pesar de tener la intención no posee el conocimiento para hacerlo. Y una de las bases fundamentales en el amor es la sinceridad. Si esta se cae, es como si se cayera La pata de una mesa… Queda tambaleando la relación”.

En su experiencia, la doctora se ha dado cuenta de que cuando hay infidelidades, por ejemplo, y se dan en una relación afectada inconscientemente por algún defecto de uno de la pareja, es más fácil que la pareja pueda sobrepasarlo. Por el contrario, cuando ‘le vieron la cara’ y le dijeron mentira tras mentira, es casi imposible de sanar, pues el engaño es una de las cosas que más le duelen. Así que la conclusión sería que solo alguien con muy baja autoestima se quedaría en una relación así.

“Autoestima baja, engaño, dolor en el ego, no creer en el amor. Por lo general, cuando hay rupturas afectivas, todo se toma muy personal. Después la persona va a creer que todos los hombres son iguales, y no necesariamente, porque hay algunos sinceros. Entonces no dejemos que una mala experiencia generalice a los hombres buenos… Que seguramente están por ahí”

Hay personas que mienten y mienten. Y cuando se dan cuenta, ya tienen la casa hipotecada. Estar con un mentiroso es compartir la vida con un desconocido.

BUENAS RECOMENDACIONES

  1. Piense si realmente su pareja es mitómana o usted es muy desconfiado
  2. Para ello, trate de definir si su pareja presenta los rasgos descritos en este artículo.
  3. No acepte tanta excusa. Más bien exija menos palabras y más hechos.
  4. Si lo ha descubierto en varias mentiras, confróntelo y oriéntelo para que busque ayuda.
  5. Y si las mentiras persisten, tenga valor y tome la decisión de terminar.

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