Una pasión no correspondida

UNA PASIÓN NO CORRESPONDIDA

Otros hombres

La figura del héroe, así como la del gran hombre de letras o de ciencias, parece estar asociada a un poderoso ideal de masculinidad. Pero basta mirar la historia de cerca y los arquetipos estallan en pedazos. El ilustre Humboldt no fue una excepción.

 Por: Francisco Barrios, para la revista Arcadia.

Treinta instituciones educativas y culturales, veinte lugares geográficos, dieciséis ciudades y pueblos, once especies vegetales, siete especies animales y tres cuerpos espaciales nombrados en honor de Alexander von Humboldt (Berlín, 1769 -1856) dan cuenta de la influencia de este naturalista prusiano en la historia de la ciencia. Simón Bolívar, quien lo conoció en París en 1804, lo llamó el descubridor científico del Nuevo Mundo, y el apelativo de padre de la geografía moderna se repite en todos los libros que lo mencionan. A sus logros como geógrafo, astrónomo, botánico y vulcanólogo se suma su obra Cosmos, uno de los intentos más ambiciosos por abarcar la totalidad del conocimiento científico de una época. Para los americanos, Humboldt es significativo porque, a diferencia de sus antecesores, le dio a América un lugar en la ciencia no subordinado a Europa.

 En su juventud, Alexander y su hermano menor Wilhelm hicieron parte de un círculo intelectual berlinés cuya figura principal fue el filósofo judío alemán Moses Mendelssohn (abuelo de Felix Mendelssohn), y en este círculo liberal y progresista, Humboldt encontró confidentes, como la joven Henriette Herz, a quien en una carta le confía una visión que tuvo, en la que después de describir una escena que tiene lugar en un ágora, agrega: “¡La Naturaleza quiso crear un hombre pero se equivocó de arcilla y formó una mujer! Contemplé de nuevo la visión ¿y a quién reconocí? No, ¡eso no lo sabrá usted mi preferida! El venerable anciano se había convertido en hermoso adolescente. Una llama de oro destellaba sobre su cabeza, quise abrazarlo pero el soñado rostro desapareció…”.

 Humboldt fue amigo de Goethe y de Schiller, y su pensamiento político se vio influenciado por los ideales de la Revolución francesa y, en alguna medida, por el Sturm und Drang. En su juventud consideró seguir la carrera militar, al igual que su padre, pero renunció a esta idea e ingresó a la Escuela de Minas de Freiberg. Al terminar sus estudios empezó sus primeros viajes de exploración científica en Europa y ya desde esa época su orientación sexual se hace evidente.

 En 1794 conoció a Reinhardt von Haeften, un oficial del ejército prusiano con quien llevó a cabo uno de sus primeros viajes. En una carta fechada el 19 de diciembre de 1794 le escribe: “Yo cumplo siempre mi palabra, mi bueno e íntimamente querido Reinhardt. En pocas horas inicio mi viaje: cabalgaré mañana hasta Lauenstein, el 21 llegaré a Steben, y en la noche de Navidad espero arrojarme en tus brazos […]. Pueden otros hombres no tener comprensión para esto; eso me tiene sin cuidado. Yo sé, yo vivo solo por ti, mi bueno y único Reinhardt, solo en tu cercanía soy completamente feliz”.

 No se puede soslayar la época en la que vivió Humboldt, pero si bien las expresiones amorosas entre amigos eran comunes en el romanticismo, la infatuación del científico por el oficial, cuatro años menor que él, es evidente, como parece confirmarlo otra carta que le dirigió en 1796: “Dos años han transcurrido desde que nos aproximamos, y tu sino fue el mío. Bendigo todavía ahora el día en que vertiste en mi pecho tus inquietudes, y me dijiste por primera vez que sentías mitigación… Yo me sentía mejor en comunión contigo, y desde entonces permanecí unido a ti con cadenas de acero. Siempre que tú a través de largos años me correspondías con frío desprecio, siempre que tú me repelías, yo me estrujaba más a ti”.

 Humboldt murió soltero a la edad de 90 años y antes de morir destruyó toda su correspondencia personal, lo que llama la atención, en tanto que los hombres notables suelen ser muy conscientes del valor de esta para la posteridad. Pero si bien las cartas del científico se perdieron, no sucedió lo mismo con las de su hermano Wilhelm y su esposa Caroline, que escribe a su marido: “Además, nunca ejercen [las damas] un tan gran influjo sobre Alexander, como el proveniente de hombres; creo que el tiempo lo comprobará”.

 La madre de Humboldt, Marie Elizabeth von Hollwege, había heredado una gran fortuna, la cual fue a parar a manos de sus hijos cuando ella murió en 1796 y esto le permitió a Humboldt costearse sus viajes de exploración.

 En 1799 Humboldt realizó su primer viaje a Suramérica en compañía del botánico francés Aimé Bonpland. Desembarcaron en Cumaná y recorrieron buena parte del oriente venezolano. En 1801 llegaron a Cartagena de Indias, donde el gobernador les informó de la grandiosa Expedición Botánica que dirigía el clérigo José Celestino Mutis. El interés de Humboldt por el trabajo de Mutis desembocó en una visita a Santa Fe y posteriormente a Ibarra, cerca a Popayán, donde vivía Francisco José de Caldas (1768-1816), un científico empírico, a quien Mutis y otros santafereños habían elogiado ampliamente ante el prusiano.

 Caldas, educado en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, era un científico brillante, limitado por la estrechez de su entorno y reprimido por una educación católica. Para Caldas, como lo evidencia su correspondencia, la visita de Humboldt se convirtió en un suceso determinante de su vida. En una carta dirigida a su amigo Santiago Pérez de Arroyo el 21 de septiembre de 1801 escribió: “Estoy resuelto a seguir al Barón a Guayaquil y esperarlo en Ibarra, procurando instruirme y chupar cuanto me sea posible a este sabio viajero, para ilustrarnos alguna cosita y salir de la barbarie”.

 En la expedición de 1802 a Quito y sus alrededores, Humboldt hizo a Caldas parte de su equipo, pero cuando el prusiano debía continuar a Perú, México y los Estados Unidos, prescindió de la compañía de Caldas y optó por la del aristócrata quiteño Carlos de Montúfar, quien moriría después como héroe de la independencia de Ecuador. La negativa de Humboldt fue un golpe devastador para el payanés, quien había cifrado en él todas sus esperanzas de salir de un medio tan provinciano como el de la Nueva Granada.

 La frustración de Caldas dio lugar a una serie de cartas a Mutis en las que alude a la homosexualidad de Humboldt. Estos documentos son tenidos hoy en día como prueba de la orientación sexual del prusiano, pero antes de pasar a estas, conviene mirar una carta de Caldas a su amigo Antonio Arboleda, la cual da una idea de las relaciones entre los hombres en una época en la que el sometimiento de las mujeres tal vez hacía de ellas una compañía más bien tediosa: “Acabo de recibir un resumen de las observaciones que el Barón ha hecho de Cartagena a Santafé, remitidas por mi amado Santiago, por este amigo querido, que quisiera fuera de los dos en el mismo grado. Si yo consigo que usted lo ame en el punto que yo, y que él le corresponda, nada tengo que desear ni más dulce ni más precioso”.

 En Quito, Humboldt fue hospedado por Juan Pío de Montúfar, Marqués de Selva Alegre y padre de Carlos, quien quiso unirse a la expedición de Humboldt y Bonpland. Para asegurarse de esto, el Marqués le pagó al prusiano una suma considerable para cubrir los gastos de su hijo. Es evidente que para los propósitos de la expedición, Caldas era un acompañante mucho más apropiado que Montúfar —un aventurero, antes que un científico— y las razones económicas no parecen ser el motivo principal de la decisión de Humboldt, ya que Caldas contaba con una libranza de la Expedición Botánica que hubiera cubierto buena parte de sus gastos.

 En una carta a Mutis, del 21 de abril de 1802, Caldas da rienda suelta a su cólera: “¡Qué diferente es la conducta que el señor Barón ha llevado en Santa Fe y Popayán de la que lleva en Quito! […] El aire de Quito está envenenado; no se respiran sino placeres; los precipicios, los escollos de la virtud se multiplican, y se puede creer que el templo de Venus se ha trasladado de Chipre a esta ciudad. Entra el señor Barón en esta Babilonia, contrae por su desgracia amistad con unos jóvenes obscenos, disolutos; le arrastran a las casas en que reina el amor impuro; se apodera esta pasión vergonzosa de su corazón, y ciega a este sabio joven hasta un punto que no se puede creer […]. A veces compadezco a este joven, a veces me irrito. Cuando me anima esta última pasión, me parece que veo reanimarse las cenizas de Newton, de Newton que no llegó a una mujer, y con un semblante airado y terrible decir al joven prusiano: ¿Así imitas el ejemplo de pureza que dejé a mis sucesores? […] Deponed estos instrumentos, ve a pasar a una vida oscura y afeminada en medio de los placeres”.

En esta y otras sus cartas, Caldas subraya la castidad y la pureza, pero desde una perspectiva psicoanalítica, resulta sugerente que resalte el celibato de Newton en una forma análoga a la de la fantasía efébica de Humboldt: negando a las mujeres.

 En la última carta a Mutis alusiva a Humboldt dice Caldas: “El señor Barón de Humboldt partió de aquí el 8 del corriente con Mr. Bonpland y su Adonis, que no le estorba para viajar como Caldas. […] Yo le amo, pero he sentido este desaire, que no curará con nada este sabio”.

 En el 2005, el escritor alemán Daniel Kehlmann publicó la novela La medición del mundo, en la que habla abiertamente de la homosexualidad de Humboldt.

 Esta novela, que no llegó a Colombia, se convirtió en el mayor best seller en Alemania desde El perfume de Patrick Süskind. La novela de Kelhman se suma a los esfuerzos de Ensenzberger por dar a conocer la obra de Humboldt en Alemania y a los del gobierno de Berlín que creó el centro cultural Humboldt Forum, cuya construcción se terminará en el ¿2013? El tema de la sexualidad de Humboldt puede resultar irrelevante para los historiadores, y tal vez lo sea de cara a sus aportes a la ciencia, pero así como un escritor europeo lo saca a la luz desde la ficción, sería muy interesante que la academia americana estudiara el periodo de la Independencia desde las políticas de la identidad y la teoría queer. Así, no sería coincidencia que la directora del Instituto Humboldt, Brigitte LG Baptiste fuera un transgénero.

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