Matrimonio igualitario

A raíz de de la discusión en el congreso de la ley de Matrimonio igualitario, tenemos varios artículos que nos hablan del tema.

LISTO CONTRATO DE UNIÓN GAY

Solemnización se hará desde el 21 de junio. Notarios no podrán negarse.

Redacción aDN junio 14 de 2013  Bogotá

“Declaramos en forma expresa que es nuestra libre, responsable y espontánea voluntad unirnos bajo el vínculo contractual como pareja del mismo sexo, convivir en pareja singular, auxiliarnos y socorrernos recíprocamente y respetar los derechos y deberes que la Constitución, la Ley y la jurisprudencia de la Corte Constitucional consagran para el vínculo jurídico que se for­maliza y solemniza por medio de este instrumento”.

Se trata del contrato que preparan las notarías para que a partir de del 21 de junio se aplique en la formalización de uniones de parejas del mismo sexo.

Los notarios le dieron la bendición final a un documento proforma de cuatro páginas que le dará vida legal al derecho a constituir familia que la Corte Constitucional les reconoció a los homosexuales hace dos años.

Tal y como ocurre con las actas de los matrimonios heterosexuales, los contrayentes deben demostrar que no están im­pedidos para unirse con su pareja gay. Así, por ejemplo, una persona que se haya casado en el pasado y no haya obtenido el di­vorcio no podrá ejercer este nuevo derecho hasta que disuelva legalmente su vínculo anterior.

Los notarios decidieron eliminar del nombre del documento el término ‘parejas del mismo sexo’, para evitar discriminación. Es decir, se firmará una escritura pública.

La escritura pública de ‘formalización y solemnización’ se refiere a la sentencia C-577 de la Corte Constitucional.

El apunte

Sólo se aceptará la unión igualitaria

• El abogado y representante de la población LGTBl, Germán Rincón Perfetti, dijo que el documento, a menos que contemple de manera explícita el matrimonio igualitario, violaría la Constitución y sería demandable, incluso, ante organismos internacionales, “por poner en riesgo la estabilidad jurídica de las uniones”

SOBRE EL MATRIMONIO IGUALITARIO

Por Federico Hoyos Salazar
Publicado en El Colombiano abril 27 de 2013

Como es usual, la sociedad tiende a dividirse frente a debates que versan sobre temas donde la moralidad juega un papel importante  como es el caso del matrimonio entre homosexuales o matrimonio igualitario, como le han denominado. Al margen de las fuertes voces que esgrimen argumentos desde ambos bandos, es necesario reflexionar sobre un concepto que ha pasado de agache en este debate y es el de la justicia.

Es muy importante que se separe el debate sobre los derechos patrimoniales de los que puedan gozar personas del mismo sexo que tienen algún tipo de vínculo y el debate sobre el matrimonio igualitario. Es necesario definir con claridad los objetivos de este acto para poder dar un debate con mayor altura y sin caer en los recurrentes insultos y ataques personales que suscita esta discusión. Si lo que se busca es que dos personas del mismo sexo que comparten algún tipo de relación -no necesariamente homosexual- puedan heredar el patrimonio de la persona con quien viven y acceder legalmente a beneficios en seguridad social, bienvenidas las acciones jurídicas que permitan esto, pues es un acto de justicia en el más estricto y clásico sentido de la palabra; darle a cada cual lo que merece.

Si lo que busca la legalización de las uniones entre parejas del mismo sexo es que dichas personas sean respetadas en la sociedad y en este sentido se busque evitar la discriminación a cualquier nivel, pues bienvenido el debate, aunque no se debe aprobar una ley para que esto sea así, basta con ser respetuoso de la persona humana y su libertad.

Ahora bien, si lo que buscan algunos es dar un paso hacia adelante para buscar la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, el debate adquiere tonalidades muy diferentes a las mencionadas, pues ya no se habla del reconocimiento de un derecho sobre el patrimonio del otro o sobre el respeto que se debe tener sobre las decisiones personales, sino sobre la vida de un tercero que no puede elegir qué tipo de familia quiere.

Durante los días en los que estuvo en su punto más álgido el mencionado debate, escuché en un programa de debate radial a un defensor del matrimonio homosexual, diciendo que era mentira que la aprobación de la ley sobre este tema abriría las puertas para la adopción de menores por parte de estas parejas. La verdad no veo que haya mentira en afirmar lo que esta persona negaba, pues es claro que la aprobación de dichas uniones conduciría posteriormente a un reclamo por parte de los beneficiados de adoptar, ¿no es precisamente uno de los fines del matrimonio el de formar una familia?

Teniendo en cuenta lo anterior, insisto en que para lograr una sociedad respetuosa de las decisiones ajenas -sean las que sean, mientras no dañen a los demás- y para lograr un acto de justicia en donde personas del mismo sexo puedan heredar y ser beneficiarios de otros derechos patrimoniales, no es necesaria una ley que modifique la institución tradicional de la familia. Para que haya respeto, entendimiento e inclusión de quienes piensan o eligen de una determinada manera, no hace falta una ley de papel

HOMOFILIA

Por Rudolf Hommes
Publicado en El colombiano domingo 21 de abril 2013

 Una forma de entender la trascendencia de la decisión que tome el Congreso sobre el matrimonio homosexual es preguntar quién se beneficia y quién se perjudica si se extiende a los homosexuales la libertad de escoger pareja para convivir con los derechos y responsabilidades que les asigna la ley a los heterosexuales.

Cuando se hace esa pregunta, inmediatamente surgen inquietudes sobre desigualdad entre los homosexuales y el resto de la población y la injusticia de esta situación.

La sociedad ha caracterizado a los homosexuales como transgresores morales que por ese motivo no califican para que los cobije el manto protector de los derechos humanos.

Han sido objeto de odio, de escarnio, de discriminación y víctimas de violencia o abuso físico y mental que se ha justificado con argumentos moralistas. Esto, claramente contraviene el principio de igualdad y atenta contra la vida y dignidad de seres humanos.

Aún desde una perspectiva de catolicismo ortodoxo esto no es admisible porque contradice la noción básica de que en toda vida humana y en la dignidad de cada ser humano existe un elemento sagrado. Esta discriminación podría entenderse bien si nos imagináramos que el Procurador Ordóñez despertara una mañana después de haber sufrido una metamorfosis convertido en homosexual.

En Bucaramanga saldría a la calle con temor y evitaría entrar al Club del Comercio. En su oficina tendría que proceder a cambiar a varios colaboradores porque cuestionarían su integridad basándose en sus preferencias sexuales.

Su hija recién casada y la Dra. Ilva Myriam Hoyos le preguntarían cómo es posible que fuera así, después de haber crecido en un hogar tan católico.

Su pareja le estaría reclamando qué ha hecho para asegurar que cuando él muera pueda quedarse con la casa y le reconozcan el derecho a la pensión. Acudiría desesperado a sus amigos del clero pero ellos, que han sido complacientes y tolerantes con otros sacerdotes que han abusado de jóvenes en su congregación, son implacables con los homosexuales que no pertenecen al sacerdocio.

Los generales amigos solamente lo visitarían en patota. Muy pronto estaría exigiéndole al Congreso que no dejara vencer el plazo que le ha dado la Corte Constitucional para enmendar con una ley la evidente injusticia que comete la sociedad colombiana con los homosexuales.

Esta ley beneficiaría ampliamente a una minoría que representa por lo menos el 10 por ciento de la población, y el costo de aprobarla no es fácilmente identificable sin acudir a prejuicios atávicos (Luis Noé Ochoa en El Tiempo del sábado pasado). Se daría un gran paso a favor de la igualdad de derechos en la sociedad y de la justicia social. Estos son los elementos básicos que intervienen cuando se juzgan los pros y contras de una política pública y las razones de fondo para apoyar la expedición de esta ley.

HOMBRE CON HOMBRE Y MUJER CON MUJER

Luis Noé Ochoa
Publicado en El Tiempo, abril 13 de 2013
 

El Congreso de la República tiene entre manos la discusión del delicado tema del matrimonio de las parejas homosexuales, o LGBT. Hoy, el proyecto es una papa caliente. Y la otra también, pues hay acusaciones de que le están poniendo Barreras; de que los partidos de ‘la U’ y el Conservador, en especial, lo quieren meter al clóset. Dicen que se están haciendo los marinos en altamar para dejar que se hunda en las aguas del tiempo.

En “desgracia” de discusión, como decía ‘Popeye el marido’, a quien sea homosexual –sin que lo vuelvan obligatorio, como dijo el barón de Montesquieu– se le deben respetar todos sus derechos, sus reveses y libertades.

Los homosexuales nacen, no se hacen. Pero todos son parte de la misma sociedad y están cobijados por la Constitución.

Además, esta no es una condición sexual de ayer, ni es, como dijo la hermosa Natalita París, producto de que los niños comen pollos a los que les están inyectando hormonas femeninas, tal vez para que les crezcan las pechugas.

Dios creó el mundo e hizo al hombre y la mujer, pero ya echados del paraíso, surgieron tendencias homosexuales, que poco a poco se han hecho más visibles.

Se dice que Sócrates, el gran filósofo griego, veía un hombre guapo y se le paraban las Atenas; que también a Platón se le escapaba el agua; que en eso, Alejandro era Magno; que Pedro el Grande a veces se volvía chiquito; Truman echaba el Capote a los de su mismo sexo; el gran poeta británico Lord Byron se inspiró en sus amigos, así como Federico García Lorca. Y miles y miles, de todos los estratos. Hasta aquel humilde soldado, muy bueno para hacer curruca, de los que hallaron una guaca de la guerrilla, quien con el dinero del reparto se mandó recortar el cañón. Y millones de mujeres también se han amado a escondidas.

Ya lo había dicho una hermosa reina en Cartagena, a la que criticaron muchos, pero pocos interpretaron: “La mujer se complementa al hombre… Mujer con mujer, hombre con hombre y también mujer con hombre; del mismo modo, en el sentido contrario…”.

Pero el mundo ha avanzado. Francia, la semana pasada, le dio el oui al matrimonio gay. En Colombia, parejas del mismo sexo ya han logrado derechos de herencia y de seguridad social. Y la Corte Constitucional, en su sentencia C-577 del 2011, les reconoce el derecho de construir familia y ordenó al Congreso reglamentar la unión marital, con un plazo hasta el 20 de junio. Sin embargo, el viento parece en contra. Y puede quedar en manos de los notarios declararlo en “unión solemne”. Pero tienen que cumplir dos años bajo la misma cobija para poder heredar.

Y como aquí no hay manera de que llevemos una discusión con altura, sin estigmatizar, sin ataques personales y que nos pongamos de acuerdo, se entabló un pulso por la palabra ‘matrimonio’. No será un matrimonio como tal, en todo el sentido ni el sentado. No se podrán declarar marido y mujer, ni estará implícita la misión de procrear. No será unión sacramental, más tampoco ‘excremental’. Pero que tengan todos los derechos, es lo justo. Y tienen la ventaja de que le quita el problema a la Iglesia de la píldora del día después.

Con lo bien que se vive de novios, pero si quieren intercambiar argollas, los declaro marido y marido, que no se llamen matrimonio, pero que se casen, que se amen o se den en los bigotes, que sepan lo que es hacer cuentas de la quincena, pasear con la suegra (y no hablo por la mía, con quien somos uña y mugre, y yo soy el mugre), hacer mercado, equipar la casa, pagar cuotas, ir a las divertidas reuniones de propietarios y aprobar cuotas extraordinarias… Y eso sí, lo de adoptar, no lo adoptemos. Esta sociedad no está preparada.

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