Hablemos de sexo sin moralismos

HABLEMOS DE SEXO SIN MORALISMOS

Tomado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12985569

TABUPor razones que cada vez entiendo menos, todos los aspectos relacionados con el desempeño del departamento inferior del cuerpo tienden a ser, al menos públicamente, objeto de valoraciones morales, de señalamientos absurdos y relegados a la esquina de lo tabú… ¡Y en pleno siglo XXI!

Me aterra ver cómo, sin ninguna explicación, se ‘asexuan’ los currículos escolares. Sí, señores: hay colegios que sin ningún pudor pretenden enseñar anatomía con figuras del cuerpo que carecen de genitales.

Lo peor de todo es que lo único que logran es que los niños relacionen estas partes del cuerpo con lo prohibido, lo innombrable, lo pecaminoso y lo vulgar.

Muy malo de los centros educativos, por supuesto, pero imperdonable de los padres de familia que patrocinan semejante despropósito. Muchos tienen metido en la cabeza que la buena educación es ajena a estos temas, que la sola mención del sexo es una falta de decoro.

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Pues, qué pensarían si les digo que los niños de hoy, que son nativos digitales, obtienen por Internet y redes sociales más información sobre el sexo y sus bemoles que lo que sospechan sus ingenuos guardianes. Todos hemos pasado (cómo olvidarlo) por esa etapa pletórica de curiosidad y hormonas alborotadas que es la adolescencia, y está muy claro que, sin saber cómo ni por qué, el cuerpo y la mente piden respuestas, claridades. Por supuesto que si los adultos y la escuela no están para dárselas, otras fuentes menos idóneas –y riesgosas–, sí.

Es por eso, y no por otra cosa, por lo que inquietudes propias de esa etapa de la vida, como la masturbación, el deseo, los cambios físicos y las reacciones ante los estímulos, son patrimonio de gente morbosa, que las convierte en burla y las descalifica y, por supuesto, las condena a ser cubiertas con un manto de vergüenza.

Eso explica por qué el sexo da bandazos en un mundo que por un lado lo reprime y por el otro lo proyecta como un negocio socarrón, que mueve cientos de miles de millones de dólares.

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El resultado no es otro que la peligrosa forma como la sociedad se relaciona con la sexualidad, desde la más tierna adolescencia.

Los delitos sexuales, el embarazo de adolescentes, las enfermedades de transmisión sexual (que sí deberían angustiar a educadores y papás) y hasta la insatisfacción en la cama serían más fáciles de atenuar si pudiéramos dejar a un lado tanta bobada atávica y moralista y hablar del sexo con franqueza.

Aclaro que digo esto sin ánimo de escandalizar y con el propósito de aportar. Al fin y al cabo, es con respeto. Hasta luego.

ESTHER BALAC

Para EL TIEMPO

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